La gloria y el ensueño que forjó una patria,…

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Más allá de la percepción de Maximiliano respecto a la debilidad de los ejércitos republicanos ("el mal estado de las tropas de Juárez y la incapacidad de sus jefes") reforzada por Leonardo Márquez (según Ramírez De Arellano) que aseguraba "que la resistencia republicana era una serie de gavillas que no resistiría el embate de un ejército en forma", lo indudable es que la salida de los franceses alteraba drásticamente la correlación de fuerzas.

Los imperiales contaban en esos días iniciales de febrero con cerca de 4 mil hombres en Querétaro que sumaban los derrotados restos de las divisiones de Miramón (que había llegado el 8 de febrero replegándose) y Liceaga, las tropas de Castillo, más las fuerzas de Tomás Mejía; la brigada del general Ramón Méndez se encontraba en Michoacán con unos 4 mil combatientes (si se suma la caballería de Quiroga), los 5 400 hombres dirigidos por Leonardo Márquez en la Ciudad de México, que incluían los batallones extranjeros que habían decidido quedarse a combatir con el imperio, las tropas del general Manuel Noriega en Puebla, unos 2 500 soldados que contaban además con gran cantidad de artillería y un repuesto inmenso de municiones; las pequeñas fuerzas de Olvera en Sierra Gorda y guarniciones en San Martín Texmelucan y diversas ciudades de Veracruz, que no deberían sumar más de 1 500 hombres. Eran casi 17 500 combatientes.

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