Explore "La gloria y el ensueño que forjó una patria, Tomo 3" by Paco Ignacio Taibo II on Textopian. Read with annotations and highlights.
El 3 de octubre de 1865, el mismo día en que se promulgaría el terrible decreto. No fue necesario hacer las invitaciones con mucha anticipación porque todas las familias estaban preparadas. No había una de las que llamaban copetonas que no hubiera mandado traer cuatro o cinco trajes de París, y las modistas de México estaban, además, constantemente confeccionando una multitud de vestidos de baile que les encargaban para cuando se necesitaran. Así es que a muchas se les avisó en la mañana del mismo día 3 que en la noche se daba una maravillosa soirée en Palacio. Todos se alistaron con frenesí, y a las diez una larga hilera de carruajes se veía desfilar por las calles de Plateros y Plaza Principal, entrando a descargar a la crema de entonces en el gran patio del imperial alcázar, iluminado con grandes mecheros.
Las anchas escalinatas estaban alfombradas y adornadas con festones de flores y gasas, igual que los corredores altos, donde había gran número de candelabros y arañas de metal con profusión de luces. El gran salón de ceremonias con el trono en una de las cabeceras, estaba cuajado de espejos y lámparas de cristal, encortinados todos los balcones y cubiertas las paredes de tapicería.