Explore "Sexus: La crucifixión rosada 1" by Henry Miller on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los sábados solía salir del trabajo a mediodía, y almorzaba con Hymie Laubscher y Romero o con O'Rourke y O'Mara. A veces se nos unía Curley, o Georges Miltiades, un poeta y erudito griego que formaba parte del cuerpo de repartidores. Alguna vez que otra O'Mara invitaba a Irma y a Dolores a que se nos unieran; se habían abierto camino de humildes secretarias en la oficina de personal cosmocócica a agentes de compras en unos almacenes de la Quinta Avenida. La comida solía prolongarse hasta las tres o las cuatro de la tarde. Después, arrastrando los pies, me encaminaba a Brooklyn para hacer la visita semanal a Maude y a la pequeña.
Como el suelo estaba todavía cubierto de nieve, ya no podíamos dar nuestros paseos por el parque. Maude iba vestida generalmente con un salto de cama y una bata; su largo cabello colgaba suelto, casi hasta la cintura. Las habitaciones tenían la calefacción al máximo y estaban atestadas de muebles. Solía tener una caja de caramelos junto al sofá en que se recostaba.