Ulises criollo coverCAPÍTULO 9696
CAPÍTULO 9696

La agonía

CAPÍTULO 9696Visible text2 paragraphs
En tanto las gentes comentaban mi caso como el de un afortunado a quien sonreían los triunfos del talento, el dinero, el poder, dentro de mí se destrozaba un mundo. La curación que me había empeñado en juzgar inmediata no daba señal favorable. Un nuevo médico, además de Barajas, visitaba diariamente al enfermo. En la casa todos sabían la gravedad; sólo yo seguía ciego, confiado en una crisis de salud, en un súbito resurgir de la fuerza juvenil, poseído de incurable obsesión de milagro.
Con las lluvias de septiembre el mal se agravó y ya no pudo mi hermano dejar la cama. Se pasaba las noches acosado por el insomnio y la fiebre. Sus accesos de tos repercutían lúgubremente en toda la casa. El golpear del agua en las vidrieras cubiertas de noche aumentaba la sensación de amenaza y desamparo. Había empezado a desgarrar sangre. Turnándose lo velaban mis hermanas; lo atendían también mi esposa y Antonieta. Nuestro padre pasaba con él todas las horas que el trabajo le dejaba libre. Nunca me hizo ningún cargo, pero yo le adivinaba el reproche: ¿Para qué lo dejaste ir? Era tu hermano menor, te estaba confiado.