CAPÍTULO 9898
Adriana
CAPÍTULO 9898Visible text2 paragraphs
Con motivo de estas innobles embestidas de la oposición, me referiré a la mujer que ejerció tanta influencia en cierta época de mi vida. La llamaremos Adriana. Se presentó en mi despacho con tarjeta del propio Madero. Necesitaba abogado, pero no ante los tribunales, sino ante la opinión. Hacía tiempo que la molestaban bajamente sólo porque se había atrevido a inaugurar un servicio de enfermeras neutrales, cuando la Cruz Roja porfirista declaró que no curaría a los rebeldes. El país entero aclamó entonces como heroína a quien supo reclutar mujeres y médicos para acudir al campo rebelde, desatendido del servicio oficial. Pero ahora se volvían contra ella, a veces hasta los mismos que la habían aplaudido. Su fidelidad al Gobierno la arrastraba en la misma ola de fango que a nosotros nos batía. Sin titubeo escribí una serie de artículos apasionados en defensa de la correligionaria y en homenaje de la mujer cuya belleza notoria desde el primer momento me fascinó. Para caracterizar su atractivo desenterré la frase de Eurípides: «Hermosura punzante como la de una rosa. »
«Adriana.»
