Explore "El prisionero de Zenda" by Antonio Hope on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al despertarme no hubiera podido decir si había dormido un minuto o un año. Me despertó repentinamente una sensación de frío; el agua chorreaba de mi cabeza, cara y traje, y frente a mí divisé al viejo Sarto, con su burlona sonrisa y con un cubo vacío en la mano. Sentado a la mesa, Federico de Tarlein, pálido y desencajado como un muerto.
Me puse en pie de un salto, y exclamé encolerizado: