Explore "El prisionero de Zenda" by Antonio Hope on Textopian. Read with annotations and highlights.
Volví al andén seguido de cerca por Federico de Tarlein y el coronel Sarto, y lo primero que hice fue cerciorarme de que tenía el revólver a mano y de que mi espada salía fácilmente de la vaina. Me esperaba un alegre grupo de jefes militares y grandes dignatarios y al frente de ellos un anciano alto, de porte marcial y cubierto el pecho de cruces y medallas.
Ostentaba la banda roja y amarilla de la Rosa de Ruritania que, dicho sea de paso, decoraba también mi indigno pecho.