Explore "El prisionero de Zenda" by Antonio Hope on Textopian. Read with annotations and highlights.
Nos hallábamos en el gabinete del Rey, Federico de Tarlein, Sarto y yo.
Me dejé caer rendido en un sillón de brazos. Sarto encendió su pipa y aunque no formuló la menor felicitación por el maravilloso éxito de nuestra descabellada tentativa, su aspecto revelaba claramente la satisfacción, de que estaba poseído.