Explore "El Libro De Los Amores Ridículos" by Milan Kundera on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando el doctor Havel se iba al balneario para someterse a tratamiento, su hermosa mujer tenía lágrimas en los ojos. Las tenía, por una parte, por compasión (Havel padecía desde hacía algún tiempo ataques de vesícula y ella, hasta entonces, nunca lo había visto sufrir), pero las tenía también porque las tres semanas de separación que le esperaban habían despertado en ella dolorosos celos. ¿Cómo? ¿Acaso podía una actriz como ella, admirada y hermosa, tantos años más joven, tener celos de un señor mayor, que en los últimos meses no salía de casa sin llevar en el bolsillo el frasco de tabletas contra los dolores que le atacaban a traición?
Era así, y no se sabe por qué le ocurría. Tampoco lo sabía muy bien el doctor Havel, porque también a él le había dado ella la impresión de ser una mujer que dominaba la situación sin que nada pudiera afectarla; precisamente por eso le encantó cuando, hace unos años, la conoció más de cerca y descubrió su sencillez, su apego al hogar y su inseguridad; fue curioso: incluso después de casarse, la actriz tampoco tomó pata nada en cuenta la superioridad que le daba su juventud; estaba hechizada por el amor y por el terrible prestigio erótico de su marido, de modo que seguía pareciéndole huidizo e inalcanzable y, aunque él, con infinita paciencia (y total sinceridad), le explicaba a diario que no había ni habría jamás ninguna otra que la aventajase, tenía dolorosos y salvajes celos de él; sólo su natural nobleza le permitía mantener tapada la olla en la que se cocía aquel feo sentimiento, que así hervía con mayor rapidez y la hacía sufrir aún más.