Explore "El Libro De Los Amores Ridículos" by Milan Kundera on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando el doctor Havel se despertó al día siguiente, sintió que, tras la cena de la noche anterior, le dolía un poco la vesícula; y al mirar el reloj, comprobó que dentro de media hora tenía que estar en la sala de curas y que por lo tanto debía darse prisa, que era lo que menos le gustaba hacer en la vida; al peinarse vio en el espejo una cara que no le gustó. El día empezaba mal.
Ni siquiera tuvo tiempo de desayunar (también lo consideró un mal presagio, porque era partidario de llevar un tren de vida regular) y se dio prisa por llegar al edificio del balneario. Había un pasillo largo con muchas puertas y a una de ellas se asomó una rubia guapa con bata blanca; le recriminó disgustada su retraso y lo hizo pasar. El doctor Havel se estaba desnudando en la cabina, tapado por una cortina, cuando oyó: -¡Vamos, rápido! -la voz de la masajista era cada vez menos amable y a Havel le resultaba ofensiva y le producía deseos de venganza (¡cuidado, a lo largo de los años el doctor Havel se había acostumbrado a vengarse de las mujeres de una sola manera! ).