Explore "El Libro De Los Amores Ridículos" by Milan Kundera on Textopian. Read with annotations and highlights.
El redactor llevaba ya un buen rato sentado con su chica (había elegido un sitio desde el cual se veía la puerta) y era absolutamente incapaz de centrarse en la conversación que en otras oportunidades fluía alegre e incansable entre ellos. Aguardaba nervioso la llegada de Havel. Hoy había intentado por primera vez mirar a la chica con ojo crítico y mientras ella le contaba quién sabe qué (por fortuna no dejaba, en efecto, de contarle quién sabe qué, de modo que la inquietud del joven no se notaba), había descubierto algunos pequeños defectos en su belleza; aquello lo había intranquilizado mucho, aunque de inmediato se convenció de que aquellos pequeños defectos en realidad hacían que su belleza fuese más interesante y eran precisamente los que lograban que todo su ser fuese para él algo tiernamente familiar.
Y es que el joven quería a la chica.