El maniquí de mimbre by Anatole France — Read

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Al apearse del vagón, en París, a las seis de la tarde, tomó el padre Guitrel un coche de plaza y se hizo conducir, entre la lluvia espesa y la oscuridad sembrada de puntos luminosos y oscilantes, al número 5 de la calle de Panaderos. Allí, en lo más empinado y angosto, sobre las tonelerías y comercios de corchos, habitaba su viejo amigo, el padre Legenil, capellán de monjas de las Siete Llagas y predicador muy estimado para sermones de Cuaresma en una de las más aristocráticas parroquias parisienses. En aquella casa tenía el padre Guitrel costumbre de hospedarse, y llegaba esta vez afanoso de avanzar algo en el camino de su lenta fortuna. Infatigable, recorría calles y subía escaleras; la suela de sus zapatos con hebillas deslizábase cautamente sobre los pisos de casas muy diversas. Por la noche cenaba con el padre Legenil, y los dos viejos condiscípulos del Seminario se referían cuentos chistosos, informábanse del precio de las misas y sermones, y jugaban un rato a la manilla. A las diez, Nanette, la criada, tendía en el comedor una cama de hierro para el padre Guitrel, quien, al despedirse, de regreso a su ciudad, no dejaba nunca de regalarle un franco nuevecito.

Aquella vez, como siempre, dejó caer el padre Lenil su manaza de hombre alto y robusto sobre el hombro de Guitrel, y después de saludarle con su voz de órgano, le interpeló inmediatamente, según acostumbraba de antiguo, en tono jovial:

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