Explore "El maniquí de mimbre" by Anatole France on Textopian. Read with annotations and highlights.
En presencia de aquel flagrante atentado, el primer impulso del señor Bergeret fue como de un hombre sencillo y violento, como de un animal feroz. Descendiente de una larga cadena de abuelos desconocidos, entre los cuales había, sin duda, espíritus rudos y bárbaros; heredero, como todos los hombres, de innumerables generaciones de antropoides y de salvajes bestias, el catedrático de Literatura recibió en sus gérmenes vitales instintos destructores propios de la Humanidad antigua. El choque violento despertó aquellos instintos. Ansias de muerte y destrucción secaron su garganta, y quiso matar a Roux y a la mujer; pero hubiera querido aniquilarlos al punto, sin violencia y sin crueldad. Su instinto feroz se había transformado, como los cuatro colmillos de lobo que tenía en la boca y como las uñas de carnívoro que armaban sus dedos; la primitiva fiereza se hallaba muy amortiguada. El señor Bergeret quiso destruir a Roux y a la señora sin empuje ni esfuerzo; fue salvaje, cruel pero sin fiereza, durante un tiempo tan corto que ningún acto externo pudo surgir de aquel sentimiento, y ni siquiera la expresión del sentimiento pudo ser advertida en su rostro por los dos testigos interesados en adivinarla. En un segundo, el señor Bergeret dejó de sentirse puramente impulsivo, prehistórico y destructor, sin dejar de sentirse irritado y celoso. Al contrario, su indignación iba en aumento. En ese nuevo estado su idea no era ya primitiva, era social, y barajaba confusamente restos de viejas teologías, fragmentos del Decálogo, jirones éticos, máximas griegas, escocesas, alemanas, francesas, rasgos dispersos de legislación moral que, al golpear su cerebro como gatillos de fusil, lo abrasaban. Y sucesivamente creíase patriarca, padre de familia, según las costumbres de Roma; señor y justiciero. Concibió la idea virtuosa de castigar a los culpables. Después de haberse propuesto matar a su mujer y a Roux por instinto sanguinario, se propuso matarlos en atención a una idea de justicia. Fulminó contra ellos penas ignominiosas y terribles.
Agotó para ellos los rigores de las costumbres góticas. A través de las épocas de sociedades constituidas se entretuvo más, casi empleó en ello dos segundos, que los cómplices aprovecharon para dar a su actitud apariencias discretas, que desfiguraban por completo el carácter de sus relaciones.