Explore "El maniquí de mimbre" by Anatole France on Textopian. Read with annotations and highlights.
El padre Guitrel tenía invitado al párroco de San Exuperio, el arcipreste Laprune, y almorzaban sentados a una mesita redonda, sobre la cual puso Josefina una tortilla al ron rodeada de llamas.
La sirvienta del padre Guitrel había cumplido ya, desde larga fecha, la edad canónica, lucía grandes bigotes y distaba mucho de ser corporalmente como la pintaban los calumniadores en cuentos libertinos, que luego corrían de boca en boca por la ciudad. Su rostro desmentía las joviales murmuraciones que circulaban desde el café del Comercio hasta la librería de Paillot, y desde la farmacia radical del señor Mandar al salón austero del señor Lerond, abogado fiscal jubilado. Y si bien era cierto que el profesor de Elocuencia Sagrada sentaba a la sirvienta a su mesa cuando no tenía invitados, y si no era dudoso que se repartían entre los dos aquellos pasteles elegidos en la confitería de la señora Magloire con tal estudio, cuidado y precauciones, obedecía todo al inocente y puro afecto que mereció al sacerdote la vieja solterona, rústica, pero precavida; fiel, cuidadosa y capaz de hacer traición al Universo entero para servir a su amo.