Explore "El maniquí de mimbre" by Anatole France on Textopian. Read with annotations and highlights.
Con el señor Worms-Clavelin almorzaba su antiguo camarada Jorge Fremont, inspector de Bellas Artes, que había ido a visitar aquel departamento. Cuando se conocieron en los estudios de pintor de Montmartre, Worms-Clavelin era muy joven, y Fremont, joven aún. Nunca tuvieron una idea común; jamás opinaron lo mismo. A Fremont le agradaba contradecir siempre; Worms-Clavelin le sufría; la palabra de Fremont era violenta y abundante; Worms-Clavelin cedía a la violencia y hablaba poco. Se hicieron muy amigos; después, las circunstancias los alejaron; pero cuando se veían por casualidad, se alegraban, se trataban con afectuosa confianza, y les divertía disputar. Jorge Fremont, envejecido, aplomado, condecorado, famoso, conservaba en sus discusiones el fuego de su juventud. Aquella mañana, sentado a la mesa entre la señora de Worms-Clavelin y el señor Worms-Clavelin, ambos en traje de mañana, refería -encarado con la señora- que había encontrado en los desvanes del Museo, cubierta de polvo, una figurita en madera de puro estilo francés, una Santa Catalina con traje de burguesa del siglo XV, de una expresión maravillosamente delicada y un aspecto de pureza tan candoroso, que, mientras le sacudía el polvo, la contemplaba, enternecido. El prefecto preguntó si era una estatua o un cuadro. Jorge Fremont, que afectuosamente le despreciaba, respondió con dulzura:
-¡Worms! No trates de comprender lo que le digo a tu esposa. Eres absolutamente incapaz de concebir lo bello en cualquiera de sus manifestaciones. Las armoniosas líneas y los pensamientos nobles para ti serán siempre ininteligibles.