Explore "El maniquí de mimbre" by Anatole France on Textopian. Read with annotations and highlights.
María entró en la casa como la muerte. La señora de Bergeret comprendió al punto que los tiempos habían cambiado.
La joven Eufemia, que sentía por sus amos y por la casa de sus amos un afecto profundo, brutal, de que no se daba cuenta; una especie de fidelidad perruna, quedóse mucho rato sentada en la silla rota de la cocina, inmóvil y silenciosa, con los carrillos arrebolados. No lloraba, pero tenía fiebre. Se despidió de la señora con la serenidad de un espíritu rústico y religioso. Durante los cinco años que había servido en aquella casa padeció las violencias injuriosas y la infame avaricia de Amelia, que le regateaba los alimentos; ella tuvo, por su parte, rasgos de insolencia y de rebeldía; también murmuró de la señora en sus conversaciones con otras criadas; pero era cristiana, y en su corazón sabía honrar a sus amos como a su padre y a su madre. Con la voz enronquecida por el dolor, dijo: