CAPÍTULO 2
VOLUMEN 4: Idilio en calle Plumet y epopeya en calle Saint-Denis · PARTE 6: El 5 de junio de 1832
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Al momento de estallar la insurrección, un niño andrajoso bajaba por Menilmontant con una vara florida en la mano. Vio de pronto en el suelo una vieja pistola inservible; arrojó lejos su vara, recogió la pistola, y se fue cantando a todo pulmón y blandiendo su nueva arma. Era Gavroche que se iba a la guerra.
Nunca supo que los dos niños perdidos a quienes acogiera una noche eran sus propios hermanos. ¡Encontrar en la noche dos hermanos y en la madrugada un padre! Después de ayudar a Thenardier, volvió al elefante, inventó algo de comer y lo compartió con los niños y después salió, dejándolos en manos de la madre calle. Al irse les dio este discurso de despedida: "Yo me largo, hijitos míos. Si no encontráis a papá y mamá, volved aquí en la tarde. Yo os daré algo de comer y os acostaré". Pero los niños no regresaron. Diez o doce semanas pasaron y Gavroche muchas veces se decía, rascándose la cabeza:
