Explore "La sospecha infundada" by Manuel Gutiérrez Najera on Textopian. Read with annotations and highlights.
LA SOSPECHA INFUNDADA[1]
ESTABAN ambos en ese momento peligroso del amor, en que, para creer en la propia felicidad, es necesario que los otros se hagan lenguas de ella. Ser dos, no basta: es necesario que los otros digan: ¡sí, son dos! Los corazones buenos, llegado ese momento, han menester un amigo; los malos, un envidioso. Uno de los primeros síntomas de la saciedad es que suele uno verse en el espejo más a menudo que ordinariamente. ¿Por qué? Porque se busca un testigo, y estando eternamente solos, la propia imagen de uno es punto menos que un desconocido. El dúo aspira a resolverse en un terceto. Algunas veces degenera en concertante: sobre todo, cuando se trata de alguna ópera italiana o de amoríos pecaminosos.