Explore "Ángel Guerra" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Contento estaba el marino con sus palas nuevas en la hélice y el capote de monte, el cual le parecía casulla, porque se lo encapillaba metiendo la cabeza por la abertura del centro de la tela. Prenda era de mucho abrigo y comodidad para correrías invernales. Con ella y la gorra de nutria que le regaló Cornejo, y en la mano, bien un garrote, bien vara larga y a veces una tralla, ¡listo! avante toda por altozanos y barranqueras, navegando en conserva con Tatabuquenque y sus cabras. Al rayar el día, dejaba las ociosas pajas el bueno del capitán, y al instante iba en reconocimiento de la cocina, hasta avistar a Jusepa, con la cual se abarloaba sin pérdida de tiempo, obteniendo de ella un pedazo de bacalao que chamuscaba en el primer fuego que en el hogar se encendía. Golpeando la tira de pescado seco contra una piedra para ablandarla, le metía el diente. Después tira de ginebra o ron, y en franquía, mar afuera hasta la hora en que pasaban los garbanzos por el Meridiano, la una de la tarde.
Guerra paseaba también por la mañana, solo y sin alejarse mucho de Guadalupe, rondando por la Virgen del Valle o aproximándose a la peña del Moro, de donde se divisa el panorama de Toledo y del río en toda su imponente majestad. Tres días después de la para él memorable noche en que determinó la fundación, hubo visita, por cierto de las más venturosas, porque nadie pareció por allí; y para colmo de felicidad, sor Expectación, la negra de alabastro, después de presentarse en el locutorio con Leré, se largó con viento fresco diciendo que volvería.