Explore "Juicios sumarios I" by Rosario Castellanos on Textopian. Read with annotations and highlights.
El Fondo de Cultura Económica, que se ha propuesto dar a nuestra tradición literaria un aposento que conjugue la dignidad con la funcionalidad al editar obras tan decorosas como accesibles, ha incluido en su catálogo (en el que aparecen nombres tan importantes como los de Alfonso Reyes, de Federico Gamboa, de Sor Juana, como los de tantos otros que han transmutado la realidad mexicana en palabra universal) los trabajos de Efrén Hernández.
Por lo pronto es necesario declarar que se trata de un acto de justicia. Efrén, por temperamento, por formación intelectual, fue un hombre que se apartó voluntariamente de las modas y de las corrientes imperantes para elaborar, a solas, un mundo alucinante, traspasado de dolor y de piedad, en el que las criaturas pequeñas ocupaban el primer plano, el de protagonistas principales, que sólo una visión atenta es capaz de descubrir. Un mundo contemplado con esa sonrisa que, según decía Gabriela, es un modo de llorar con bondad. Un mundo que, al volverse lenguaje, resplandecía de una hermosura serena y pura, la que emana del vocablo preciso, del que adquirió nobleza en los labios de fray Luis, de San Juan de la Cruz, de Lope. Pero el peligro de convertirse en un arcaizante lo conjuraba Efrén al entreverar, con esos vocablos, otros del habla popular nuestra, cargados de doble intención y de picardía, usados en los menesteres diarios de la vida, familiares y cómodos que hacían respirable la atmósfera preciosista.