Explore "Guardia blanca" by Sir Arthur Conan Doyle on Textopian. Read with annotations and highlights.
AL romper el alba estaba ya la buena ventera atizando el fuego en la cocina, malhumorada con la pérdida de los doce sueldos que le debía el estudiante de Exeter, quien aprovechando las últimas sombras de la noche había tomado su hatillo y salido calladamente de la hospitalaria casa. Los lamentos de la tía Rojana y el cacareo de las gallinas que tranquilamente invadieron la sala común apenas abrió aquella la puerta de la venta, no tardaron en despertar á los huéspedes. Terminado el frugal desayuno, púsose en camino el físico, caballero en su pacífica mula y seguido á corta distancia por el sacamuelas y el músico, amodorrado éste todavía á consecuencia de los jarros de cerveza de la víspera. Pero el arquero Simón, que había bebido tanto ó más que los otros, dejó el duro lecho más alegre que unas castañuelas, cantando á voz en cuello Los Amores de Albuino, trova muy popular á la sazón; y después de besar á la patrona y de perseguir á la criada hasta el desván, se fué al arroyo cercano, en cuyas cristalinas aguas sumergió repetidas veces la cabeza, "como en campaña," según decía.
-¿Á dónde os encamináis esta mañana, moro de paz? preguntó á Roger apenas le vió.