Guardia blanca by Sir Arthur Conan Doyle — Read

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SOBRE el macizo arco que daba entrada á la fortaleza se veía el escudo de los Monteagudo, un corzo gules en campo de plata, y junto á él las armas del veterano condestable, las rosas de Morel. Al pasar el puente levadizo le pareció á Roger que en una de las saeteras brillaba la armadura de un soldado; y apenas estuvieron todos en el pórtico, sonó un clarín y el pesado puente se elevó tras ellos como impulsado por manos invisibles, con gran ruido de cadenas. El barón acompañó á su esposa á la sala del castillo y un obeso mayordomo se encargó de los tres recienllegados, á quienes trató á cuerpo de rey. Satisfechos ampliamente sus estómagos y refrescados con un baño en la cercana acequia, siguieron Tristán y Roger al arquero, que examinaba atentamente la fortaleza con la práctica de quien tantas había visto en su vida. Á sus dos compañeros, que por primera vez se hallaban en un castillo, les parecían aquellos gruesos muros del todo inexpugnables, y veían con asombro el número de centinelas apostados en puertas, murallas y almenas, sin contar los soldados del cuerpo de guardia situado cerca del puente levadizo, que limpiaban sus armas, cantaban ó hablaban con sus mujeres é hijos en el ancho pórtico.

-Me parece que un puñado de rústicos podría defender esta fortaleza contra diez compañías del rey, dijo Tristán.

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