Explore "Guardia blanca" by Sir Arthur Conan Doyle on Textopian. Read with annotations and highlights.
EL día de San Andrés, último de Noviembre, fué el designado para la marcha. Á hora muy temprana comenzó el redoble de los atabales, que llamaba á los soldados, seguido de los toques de clarín ordenando la formación de la Guardia Blanca en el patio de honor de la fortaleza. Desde una ventana de la armería contemplaba Roger el interesante espectáculo; las filas de robustos arqueros y tras ellos el imponente grupo de los hombres de armas, cubiertos de hierro é inmóviles sobre sus caballos, que piafaban impacientes. Mandábalos el veterano Reno, de cuya lanza ondeaba estrecho y largo pendón con las cinco rosas; frente á los infantes, el arquero Simón, orgulloso de la magnífica compañía que tenía á sus órdenes. Acudieron también al patio los sirvientes del castillo y algunos hombres de armas que debían quedarse de guarnición en la fortaleza y querían despedirse de sus amigos. Admiraba Roger el marcial talante de la tropa, cuando le sorprendió un sollozo que oyó á su espalda. Volvióse vivamente y vió con asombro á Doña Constanza, que pálida y desfallecida se apoyaba en el muro de la habitación y procuraba ahogar con un pañuelo posado sobre los labios los sollozos que agitaban su pecho. Los hermosos ojos fijos en el suelo, estaban llenos de lágrimas.
-¡Oh, no lloréis! exclamó Roger corriendo á su lado.