Explore "Guardia blanca" by Sir Arthur Conan Doyle on Textopian. Read with annotations and highlights.
EL barón permaneció algún tiempo cabizbajo; Froilán y Roger no iban menos silenciosos y pensativos que él, pero el alegre Gualtero, que no tenía penas ni amores, se entretenía en blandir la pesada lanza de su señor, amenazando con ella á los árboles y dirigiendo grandes botes á imaginarios enemigos, aunque cuidando mucho de que el barón no advirtiese su belicosa pantomima. Iban á retaguardia de la columna, y á veces oía Roger el paso acompasado de los arqueros y los relinchos de los caballos.
-Venid á mi lado, muchachos, dijo el señor de Morel al pasar frente á un cortijo, donde el camino se ensanchaba notablemente. Puesto que me habéis de seguir á la guerra, bueno será que os diga cómo quiero ser servido. No dudo que Froilán de Roda mostrará ser digno hijo de su valiente padre, y tú, Gualtero, del tuyo, el noble señor de Pleyel. Cuanto á Roger, recuerda siempre la casa á que perteneces y el honor que te hace y los deberes que te impone la larga línea de los señores de Clinton. No cometáis el error, muy común entre soldados, de creer que nuestra expedición tiene por objeto principal el de obtener botín y rescates, aunque ambas cosas puede y suele conseguirlas todo buen caballero. Vamos á Francia, y á España según espero, en primer lugar para sostener el brillo de las armas inglesas y en segundo término para hacer famosos nuestro nombre y nuestro escudo, ventaja inmensa del caballero sobre el villano. Y ese prestigio puede obtenerse no sólo en combates y asedios sino en justas y duelos, para los cuales nunca falta razón ó pretexto. Pero en tierra extraña ó en territorio enemigo ni pretexto se necesita y basta desenvainar la espada é invitar cortésmente á otro hidalgo á duelo singular. Por ejemplo, si estuviéramos en Francia diría yo ahora á Gualtero que se dirigiese al galope hacia aquel caballero que allí viene y que después de saludarlo en mi nombre lo invitase á cruzar conmigo la espada.