Explore "Guardia blanca" by Sir Arthur Conan Doyle on Textopian. Read with annotations and highlights.
UN viernes por la mañana, el veintinueve de Diciembre, dos días antes del de San Silvestre, ancló el Galeón Amarillo frente á la noble ciudad de Burdeos. Grandes fueron el interés y la admiración de Roger al contemplar desde á bordo el bosque de mástiles, los numerosos botes que cruzaban en todas direcciones y la hermosa ciudad extendida en forma de media luna á orillas del río, con sus altas torres y la multitud de edificios de arquitectura y colores variadísimos. Nunca en su tranquila vida había visto ciudad de igual importancia, ni contaba Inglaterra, con la sola excepción de Londres, otra que pudiera comparársele en extensión y riqueza. Á Burdeos llegaban por aquella época los productos de todas las fértiles comarcas bañadas por el Dordoña y el Garona; los tejidos del sud, las pieles de Guiena, los vinos del Medoc, para exportarlos después á Hull, Exeter, Dartmouth, Bristol ó Chester, en cambio de las lanas y lanillas inglesas. En Burdeos se hallaban también los famosos hornos de fundición y las forjas que habían dado á sus aceros universal renombre y con los cuales se forjaban las espadas y lanzas mejor templadas. Desde su galeón veía Roger el humo que despedían las altas chimeneas de las fundiciones y la brisa le llevaba de cuando en cuando el toque de los clarines que resonaba en las murallas de la plaza.
-¡Hola, mon petit! dijo Simón acercándosele. Hete ya escudero hecho y derecho y en camino de calzarte muy pronto la espuela de oro, mientras que yo soy y seré sargento instructor de arqueros y nada más. Apenas me atrevo á seguir hablándote con la misma franqueza que cuando trincábamos en los mesones de nuestra tierra. Sin embargo, todavía puedo servirte de guía por estos rumbos, nuevos para tí y sobre todo en Burdeos, cuyas casas conozco una por una, tan bien como conoce el fraile las cuentas de su rosario.