Tirante el blanco by Joanot Martorell — Read

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Pasadas las fiestas, Diafebus, duque de Macedonia, se quedó a vivir en el palacio del emperador. Un día, el duque invitó a todos sus parientes y, cuando estaban comiendo, el emperador dijo a su hija que fuese a la habitación de la duquesa para hacerle honor, ya que allí se encontraban todos los extranjeros del parentesco de Bretaña. Y acompañada de muchas mujeres y doncellas, Carmesina se dirigió a la habitación de la duquesa. Entonces, la Viuda Reposada se acercó a ella y, con gran malicia, le dijo las siguientes palabras:

-¡Oh, señora! ¿Por qué quiere vuestra alteza ir donde están estos extranjeros? ¿Queréis entretenerlos mientras comen, de forma que en presencia vuestra nadie ose continuar? Vos y vuestro padre pensáis ofrecerles honor, pero les haréis un gran daño, porque ellos preferirían la vista de un ala de perdiz que todas las doncellas que hay en el mundo. Y no es necesario que vuestra alteza vaya a todas partes, ya que sois hija del emperador; teneos en mayor estima, si queréis ser querida por la gente. Muy admirada estoy de la mala señal que veo en vos, que quisierais estar continuamente cerca de Tirante. No os diría esto si no fueseis la persona que más quiero, y porque veo que vuestro padre, con poca cautela y con falta de discreción, no se priva de deciros que vayáis a la habitación donde están los hombres.

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