Explore "El gran simpático" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Se venía susurrando desde julio; pero hasta estos días, ya en meses mayores la Doria, y con los escándalos del padre, no fue la comidilla del pueblo. En La Concordia, como cuando traía la Prensa bombas o el asesinato del rey de Portugal, había gente a las diez de la mañana.
Un grupo de jóvenes en una mesa. En otra, solo, con los respetos de hermano del cacique máximo, don Heliodoro -o séase Jú, según llamaban todos, «por detrás», a este mastodonte con cabeza de sandía, y que acostumbraba a matizar sus charlas torpes con unos guturales jús breves y secos, como el gruñido con que un cerdo se interrumpe cuando come en el dornajo.