Explore "Dulce dueño" by Emilia Pardo Bazan on Textopian. Read with annotations and highlights.
Hasta la tarde del día siguiente, no se celebró la anunciada conferencia. Todavía el salón conservaba el olor dulzaino y repulsivo de los desinfectantes y las flores, envenenadas, en descomposición, desde el punto mismo en que las depositamos sobre un cadáver. Mandé abrir las ventanas de par en par; ordené que a nadie se recibiese, pues los contados íntimos de la tía ya habían asistido a las misas, devorándome a miradas de curiosidad frenética; y recorrí la casa. Magnífica, concedido… pero apelmazada, de pésimo gusto. Ya la airearé también. Las casas envejecen con sus dueños. Daré juventud… Mi juventud, reconcentrada por el aislamiento y llena ya de una experiencia amarga y sabrosa cual la aceituna.
Conversamos don Genaro y yo en el gabinete inmediato a mi dormitorio. Por él se puede bajar al jardín. Un macizo verde, al través de los vidrios, me halaga. Estoy chancera y afectuosa con el sesentón.