Explore "Dulce dueño" by Emilia Pardo Bazan on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al llegar a Madrid, en enero, todavía muy floja y decaída, me ven sucesivamente dos o tres doctores de fama. Hablan de nervios, de depresión, de agotamiento por sacudimiento tremendo; en suma, Perogrullo. Hacen un plan, basado principalmente en la alimentación. El uno me prescribe leche y huevos; el otro, nuez de kola y vegetales, puches y gachas a pasto; aquel me receta baños tibios, purés, jamón fresco, carnes blancas… y, sobre todo, ¡calma!, ¡descanso!, ¡sedación! Mi sistema nervioso puede hacerme una jugarreta… En suma, trasluzco que temen si mi razón… ¡La razón! ¡Qué saben ellos de mi arcano!
Por egoísmo -no por atender a la salud- he cerrado la puerta a los curiosos, a los noticieros, a los impresionistas. Así que empiezo a reponerme algo, recobrando, gracias a la proximidad de la primavera, una apariencia de fuerza, no puedo negarme a la entrevista trágica con el padre y la madre de Agustín Almonte.