Explore "El cínico" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Se había quedado yerta, de pie, en una petrificada actitud como para ir también a escapar, y contemplando alrededor suyo este gabinete de frívola elegancia.
Gerardo, sin haberse movido de su sitio, dejó que ella libremente recogiese la íntegra impresión de su abandono, en los espejos, en las flores, en las luces de insolente claridad., en la rufianesca burla que eran asimismo, de frac y corbata blanca, junto a la indefensa contra quien todo concitábase a la trampa y al escarnio, él y el camarero. Mas sí, sí. «¡esto la vida!»; y él lo aceptó; y él invitó. luego de calculado el tiempo arteramente: