Jarrapellejos by Felipe Trigo — Read

Explore "Jarrapellejos" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.

Retornaban a un período de gran actividad los curas, las Hijas de María y la Asociación de San Vicente. Inicuamente asesinado Canalejas, y habiendo querido el conde de Romanones, su sucesor, acentuar por un decreto la nota laica en la enseñanza, los clericales y conservadores, interesando a las señoras, sobre todo, apercibíanse a la protesta. Con el banderín del Catecismo, se recogían adhesiones, en las ciudades igual que en las últimas aldeas; se hablaba de una magna manifestación del sentimiento religioso, base de toda virtud, tan clásicamente español, tan malherido por el conde «demagogo»; preparábase magnífico el centenario Constantino, y la prensa nacional, en pro o en contra, y con tal ruido que estuvo a punto de olvidarse hasta Belmonte y Joselito, los dos taurinos «fenómenos», no se preocupaba de otro asunto.

Mientras, aquí y en miles de pueblos, ocurría la habitual y pequeña cosa de que los braceros, como por la langosta en la primavera anterior, como por la excesiva lluvia en el pasado otoño, volvían a pedir limosna. Ahora, por sequía. Ni gota de agua, desde enero; y las hermanas de San Vicente, abrumadas de trabajo, luego de reunirse a menudo en San Andrés con las Hijas de María para tomar acuerdos sobre aquella vital cuestión del Catecismo, procurándoles firmas y más firmas a las listas que el conde de la Cruz -católico antes aún que afecto a su jefe político el presidente del Consejo- le remitía al señor Obispo de Madrid, y que La Voz de La Joya, conservadora de siempre, insertaba, tenían que dedicarle siquiera unos minutos a la tarea de los socorros. Muchos, y otorgados sin criterio. Una tarde, Orencia, presidenta, y Purita Salvador, nueva secretaria, con el auxilio de Dulce Marín y del joven cura tuerto don Calixto (el pobre llegaba sofocado por haber acabado de encontrarse al terco herrero que siempre le gritaba: «¡Ladrón de mi honra! ¡Alcahuete! ¡Sinvergüenza!»), retiráronle los bonos de leche a siete enfermos: cinco hombres, socialistas del Liceo, que no quisieron firmar como católicos, y dos mujeres inmorales.

Reading navigation