Explore "De tal palo, tal astilla" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Trasponía en aquel instante la luna, oronda y mofletuda, las cumbres más lejanas, y derramaba su luz pálida y confusa por todos los ámbitos de Valdecines. Alcanzábale su gratuita ración correspondiente a la casa de don Sotero que, a tener que pagarla, sin ella se pasara tan guapamente; y he aquí que, de pronto, se detienen tío y sobrino, viendo que en el portal había un caballo amarrado al poste, y una persona que entretenía la impaciencia paseando de un lado a otro, entre el caballo y la pared del fondo.
Como en los ojos de don Sotero había algo de la virtud de los del tigre, no tardó en conocer al paseante.