Explore "El buey suelto" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Dos días bastaron á Gedeón para salir del aturdimiento que le produjeron la visita que hizo á su amigo espirante, y la noticia que le dió de su muerte el Doctor aquella misma noche. ¡Herodes! el hombre que más le había empujado á él hacia el abismo en que se hallaba; el azote del hogar, la sátira de la familia, el prototipo de los bueyes sueltos, espirando en brazos de la caridad, abandonado de los hombres, devorado su cuerpo por un cáncer y su alma por los remordimientos! ¡Qué lección para él si desde muy atrás no se hallara convencido de que ese es el fin lógico y merecido de cuantos se colocan, por su propio gusto, fuera de la ley!
Pero había en la muerte de Herodes un lado asaz risueño para Gedeón; y por este lado se apresuró á considerarla: el pavoroso problema de sus celos estaba resuelto ya del mejor modo posible: el fantasma que le quitaba el sueño, ya no existía.