El buey suelto by José María de Pereda — Read

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Pues supongamos ahora-continúa llevando sus meditaciones á otra región de más luz y de mejor aire,-que yo me hubiera casado á tiempo. Podría haberme cabido en suerte algo de lo malo que hay en la vecindad, es cierto, pero ¿y qué? Lo peor de ello ¿no es mucho mejor que lo que yo poseo? Más probable es que tuviera un poco de cada cosa: hoy una pena, mañana una alegría, ahora un dolor, más tarde un placer. Tal es el mundo, y tal la humanidad; porque no puede ser de otra manera. Pero el conjunto de todos estos dulces y de estos amargos, de estos goces y de estas pesadumbres; el no sé qué que lo envuelve y rodea, y lo da color y luz y vida; eso que un pintor llamaría ambiente de la familia, y otros, con mejor acuerdo, el reflejo de Dios; eso que no se disipa con ninguna pena, ni se adquiere con ningún dinero, ni se sustituye con nada, pero que existe en todas las familias, ¿por qué no había de existir en la mía? ¡Si me parece que lo ven mis ojos y lo palpan mis manos!. Y no es extraño: soy de los necios que viéndose ahitos, arrojaron las provisiones por la ventana, sin hacerse cargo de que se quedaban con el hambre, aunque dormida y acallada. Ahora se despierta la mía y se entretiene en pintar manjares. como ella sabe pintárselos á quien no los puede saborear.

Pero vaya una suposición racional, aplicable á este momento de mi vida.

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