Explore "El sabor de la tierruca" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Comenzaba el mes de octubre; parecía el fresco retoño de la vega tapiz de terciopelo, y las ya amarillas panojas se oreaban en los maíces despuntados, dentro de la seca envoltura, que chasqueaba y crujía como estrujado papel al secar sobre ella el calor del sol el rocío de la noche. Andaba rayano el mediodía; inmóvil estaba el follaje mustio, mal adherido á las ramas; podían contarse los árboles en el monte, por lo cercanos que los fingía la vista, y el cielo, como barrido de nubes en lo alto, las tenía amontonadas hacia el horizonte, revueltas las blancas con las negras, las nacaradas y las rojas.
Las témporas de San Mateo habían quedado de Sur; y, según el almanaque montañés, así debía seguir el tiempo hasta las de Navidad; lo cual vendría de perlas para secar el maíz y las castañas y asegurar una excelente pación á los ganados al derrotarse las mieses. Y el pronóstico se iba cumpliendo hasta entonces. Estaba, pues, el día como de Sur en calma: bochornoso y pesado. No es de extrañar que á aquellas horas gustara la sombra como en el mes de agosto.