Explore "El sabor de la tierruca" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
De una persona que tiene estrabismo, dicen las gentes aldeanas de por acá que enguirla los ojos, ó simplemente que enguirla; y se llama la acción y efecto de enguirlar, enguirle. Ahora bien: Juan Garojos, hombre bien acomodado, trabajador, de sanas y honradas costumbres, alegre de genio y con sus puntas de socarrón, era un poco bizco; y como en esta tierra, lo mismo que en otras muchas, no bien se columbra el defecto en una persona, ya tiene ésta el mote encima, á Juan, desde que andaba á la escuela, dieron en llamarle Juan Enguirla; algunos, Juan Enguirle, y todos, al cabo de los años, Juanguirle, con el cual nombre se quedó por todos los días de su vida.
Pues este Juanguirle, un poco bizco, bien acomodado, honradote, chancero y socarrón, más cercano á los sesenta que al medio siglo, y alcalde de Cumbrales al ocurrir los sucesos que vamos relatando, hallábase en el portal de su casa, de las mejores del lugar entre las de labranza, con cercado solar enfrente, para lo tocante á forrajes y legumbres en las correspondientes estaciones, sin perjuicio de la cosecha del maíz á su tiempo (pues á todo se presta la tierra bien administrada, máxime si amparan sus frutos contra las injurias y demasías del procomún, cercados firmes y el ojo del amo, alerta y vigilante), y el corral bien provisto de rozo y junco para las camas, y de matas y tueros para el hogar la socarreña accesoria, capaz también del carro y su armadura de quita y pon, la sarzuela y los adrales, un tosco banco de carpintería, el rastro y el ariego y muchos trastos más del oficio, que no quiero apuntar porque no digan que peco de minucioso, aunque tengo para mí que, en esto de pintar con verdad, y, por ende, con arte, no debe omitirse detalle que no huelgue, por lo cual he de añadir, aunque añadiéndolo quebrante aquel propósito, que debajo de la pértiga dormitaba un perrazo de los llamados de pastor, blanco con grandes manchas negras, y que en el corral andaba desparramado un copioso averío, buscándose la vida á picotazos sobre el terreno que escarbaba.