Explore "El sabor de la tierruca" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Caminando Nisco de su casa á la de Pablo, como las callejas eran angostas y sombrías y convidaban á meditar, andando, andando, meditaba y acicalábase el mozo, pues á ambas cosas era dado, como soñador y presumido que era; y ¡vaya usted á saber por dónde volaba su imaginación mientras se atusaba el pelo con la mano, y observaba la caída de las perneras sobre los zapatos, y estudiaba aires y posturas, sonrisas y ademanes!
Á lo más angosto de la calleja llegaba, punto extremo de la parte recta de ella, paso á paso, mira que te mira el propio andar y soba que te soba el pelo, cuando topó cara á cara con Catalina, la moza más apuesta y codiciada de Cumbrales. Pareja tan gallarda como aquélla, no podía hallarse en diez leguas á la redonda. Si él era el tipo de la gentileza varonil y rústica, ella era el modelo correcto de la zagala ideal de la égloga realista. Y, sin embargo, á Nisco no le gustó el encuentro, y hasta le salió á la cara el desagrado en gestos que devoraron los negros y punzantes ojos de Catalina.