Explore "El sabor de la tierruca" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Esto se acaba, lector, y ¡ojalá te pese de ello! Por mi gusto, hubiera soltado la pluma después de escrito el capítulo que antecede, pues, en rigor de verdad, todo lo que á decir voy no vale dos cominos, y ya no ha de salvarme si lo que atrás queda tira de mi pobre fama hacia lo hondo. Pero allá va, porque, al fin, soy hombre de cuenta y razón, y hay lectores que no perdonan ni los maravedís del pico.
Enterrado don Valentín; exterminado el perro del murio; hartos los vecinos todos de Cumbrales de hablar de los sucesos de aquella noche, que hicieron palidecer el recuerdo de los del domingo de marras, y atreviéndose ya Tablucas á volver solo á su casa á todas horas, acabó el pueblo de normalizarse con la noticia, oficial y auténtica, de que no quedaba rastro de facioso en muchas leguas á la redonda, y con la no menos grata y comprobada de que, al marcharse, se había llevado por delante al Sevillano, que, desde la felonía hecha á Pablo, andaba fugitivo de pueblo en pueblo y de encrucijada en encrucijada, en una de las que fué atrapado y metido en filas; lance que deploró Chiscón en gran manera, porque pensaba resarcirse de todas sus pesadumbres descoyuntando los huesos al pícaro matasiete que tanto le había comprometido y desacreditado á él.