Nubes de estío by José María de Pereda — Read

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Era de necesidad que saltara el tema en las conversaciones de familia, en cuanto el personaje llegara a su casa y se sacudiera el polvo del camino y las moscas de su cortejo. Y saltó, después del despacho ordinario, o sea el informe minucioso sobre cosas y personas circundantes, hecho por las dos duquesas principalmente, con notas o ilustraciones del duque mozo y de su cuñado Nino. Por cierto que, según aquel informe, la egregia familia del recién llegado personaje tenía bien poco que agradecer a la temporada. ¡Qué soso, qué desentonado. y qué cursi estaba aquello! Cuatro títulos de guardarropía; media docena de ricachos de la clase de tenderos jubilados; ocho o diez tribus pudientes del riñón de Castilla; seis o siete elegantes de Villalón y de Segovia; un periodista insulso; las presuntuosas de Gárgola; las hijas de Ibáñez el del Tribunal de Cuentas. y así por este orden; y además, Froilán, Gorgonio. y Perico (ya los llamaban de este modo en la colonia veraniega). Aquí tosió el duque de cierto modo, y entraron Nino y el otro duque a informarle del estado en que tenían sus asuntos políticos estos hombres, que no eran tan ranas en el intríngulis de la cosa pública como en el arte de llevar con gracia los atalajes de campo, particularmente los sombreros de castor. Los informantes no dijeron cosa notable que el lector ignore, ni que tampoco ignorara el señor duque. Aquellos hombres habían hablado muy poco, y eso algo turbio. Indudablemente, había trabajos de componenda entre ellos y los de Madrid; pero, hubiéralos o no, la escasez de partidarios en la localidad y la sospechosa estética de su indumentaria, no eran un gran aliciente para echar los bártulos a la calle en la solemnidad de un banquete con humos de acto político de larga cola. Evidentemente andaban alicaídos, y no había que pensar en que dieran juego.

-Pues celebro en el alma que se confirmen de ese modo todas las noticias que yo tenía -respondió el personaje;- porque vengo con poquísimas ganas de conversación y con menos tiempo disponible. Y para lo que había de adelantarse al fin y al cabo. a ellos y a nosotros bien conocidos nos tiene la patria, y por eso nos oye siempre como quien oye llover. y gracias; porque, en buena justicia, debiera de tirarnos con algo cada vez que sacamos los frasquetes de elixir en las plazas públicas. o en los escaños del Parlamento. Lo poco que se puede hacer para acabar de hundir a esta chusma que nos manda, y venir nosotros cuanto antes, que es a lo que se tira siempre entre los ilustres estadistas de mi talla, ha de prepararse callandito y lejos de aquí: en un conciliábulo que se celebrará dentro de ocho días, y para el cual estoy citado. Conque id sacando la cuenta: dos días de viaje hasta París, y uno más por lo que pueda ocurrir, son tres; rebajados éstos de ocho, quedan cinco, que son los que os ofrezco para gozar a vuestras anchas de mi egregia compañía. Y vamos a otra cosa cuanto antes, por lo mismo que no hay tiempo que perder. ¿Cómo va nuestro asunto, Nino. o, más propiamente, tu negocio?.

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