Explore "Pedro Sánchez" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Era muy entrada la mañana del día siguiente cuando desperté; y bien puedo asegurar que a medida que por una puerta de mi cerebro se largaban las visiones quiméricas engendradas en él durante el sueño por la lectura de las novelas, por otra le invadían las imágenes del mundo real con la necesaria carga de pensamientos ajustados a las impresiones que más honda mella me habían hecho el día anterior. Así fue que, no bien abrí los ojos, ya me sentí verdaderamente poseído, repleto de la familia Valenzuela con todos sus memorables adherentes, como las alfombras y los cortinajes de la sala; el gesto dengoso y el abanico rechinante de Pilita; la barba lacia, la nuez picuda y los ojos saltones del descortés Manolo; las «ocupaciones» de su padre, y el portero brutal de su oficina.
Este hartazgo súbito me costó un suspiro con largos dejos de honda pesadumbre. Yo no sé qué atractivo pueda tener el momento de despertar para todos los pensamientos tristes; pero lo cierto es que hasta los más remotos acuden a él volando a porfía; y para mayor tortura del que despierta, vestidos con lo peor y más negro de la casa. Pero, en cambio, ¡qué recuerdos tan dulces me asaltaron de la mía paterna, y qué tentadora la vi, para complemento de mi pesadumbre, a través de la bruma de mis tristes pensamientos!