Explore "Pedro Sánchez" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquí comienza una nueva fase de mi vida, o como ahora se dice, una nueva dirección en la órbita de mis pensamientos. Hasta aquí había sido yo dócil masa, ave sin rumbo, nave sin brújula; las olas y el viento me conducían, y la mano de la ciega casualidad me formaba a su antojo. Desde aquí, el pájaro no vuela al azar; la nave sigue su derrotero inalterable, y la masa tiene un molde a que se ajusta y acomoda. Se acabó el aventurero que vive de entusiasmos y borra sus impresiones de ayer con otras más recientes; que acopia sin codicia y esparce sin duelo, porque es errante peregrino, guíale la buena fortuna y aún no columbra el fin de la jornada. Ya es el hombre advertido y cauto, que se detiene y descansa, y reflexiona y consulta sus fuerzas, pues sabe adónde va.
Porque no podía resultar otra cosa de aquella despedida, de la ardorosa correspondencia que la siguió y de las reflexiones que me hice. Un solo camino vi que me llevara por donde tantos y tan imperiosos afanes hallaran el apetecido término; juzguéle llano y expedito, y propúseme lanzarme a él. Entonces o nunca. Clara parecía haber hallado en mí el único hombre capaz de conmover su alma bravía; yo estaba loco por Clara; ella era hermosa, terriblemente hermosa; yo, amén de romántico admirador de lo excepcional y de lo dificultoso, gozaba a la sazón de los mimos de la fortuna, y podía, con esta prosa vil, alimentar el idilio de mis amores con algo más que pan y cebolla. Repito que entonces o nunca. Optó por lo primero; y desde aquel instante remaché, con un propósito firme, las cadenas con que me sentía ligado a Clara desde nuestra separación. A la fuerza de su atracción obedecen ya todos mis pensamientos, en su derredor giran, hacia ella van, de ella vienen, de su calor se nutren y con su luz se iluminan.