Sotileza by José María de Pereda — Read

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El Sardinero, en cuyas soledades se alzó en breves días un edificio, uno solo, destinado á fonda y hospedería, había vuelto á quedarse desierto y abandonado de todos, por obra de un lamentable suceso ocurrido en sus playas. Pasaban veranos, y solamente algún entoldado carro del país, que servía de vehículo y de tienda de campaña á tal cual necesitado de los tónicos vapuleos de las olas, se veía por allí de tarde en cuando; los bailes campestres, tan afamados después acá, andaban á la sazón á salto de romería, y ni siquiera cuajaban en todas ellas; comenzaba á no ser de mal tono entre las familias pudientes lo que en las mismas ha llegado á vicio de veranear en la aldea; un viaje á Madrid era empresa de tres días, y se contaban por los dedos los santanderinos que conocían de vista la capital de Francia; nos visitaban durante media semana los distinguidos herpéticos de Ontaneda, ó lo menos vulgar entre los reumáticos de las Caldas ó de Viesgo, al fin de sus temporadas, amén de unas cuantas familias «del interior» que por inexcusable necesidad venían á remojar sus lamparones en las playas de San Martín; y por lo tocante á la gente menuda, que no tenía vapores al Astillero, ni trenes á Bóo, ni tranvías urbanos, ni sociedades de baile por lo fino, ni otras recreaciones que tanto abundan ahora; ni estaban absorbidos los pensamientos de los unos por los arduos problemas sociales, ni se desvelaban las otras con los cuidados de remedar en usos y atavío á las señoras de copete, merendaba en el Verdoso ó en Pronillo, ó triscaba tan guapamente en el Reganche ó en los prados de San Roque, con variantes de paseo en los mercados del Muelle, cuando el tiempo no permitía lucir al aire libre los trapillos domingueros.

Quiero decir con todo esto y lo que me callo por no repetir lo que bien dicho tengo en no sé cuántos libros y ocasiones, que si entre los mareantes de acá el suceso de una regata, en los tiempos á que voy refiriéndome, causaba todavía las apuntadas impresiones, en la población terrestre también despertaba no poco interés, particularmente si, como acontecía en este caso, era muy señalado el día, y la salsilla agregada por el Municipio daba al espectáculo cierta apariencia de fiesta marítima. Cada Cabildo tenía sus partidarios en la ciudad; y en lides de aquella naturaleza, bien recio demostraba sus inclinaciones cada partidario.

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