Explore "¡Pobre Dolores!" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Dolores acostumbraba siempre a pasar las tardes de los domingos en casa de los López; pero desde que había venido Tomás, ansiaba por que llegasen esas tardes de asueto, porque las pasaba al lado de su hermano, que paraba en su antigua morada, adonde fue en derechura desde que desembarcó, y de donde no le dejaron salir la familia de López, que le miraban como cosa propia. Habían pasado los dos hermanos, como siempre, la tarde hablando Dolores de su pobre madre, y después distrayéndola Tomás con referirle sus viajes, sus percances y fortunas con vivos y alegres colores.
-Todo eso está muy bueno, Montevideo, -le decía el Padre Nolasco;- pero ¿no habría sido mejor que no hubieses pasado ninguno de esos trabajos, y que te hubieses estado quieto y en gracia de Dios, guardando los puercos del compadre Gil Piñones?