Explore "¡Pobre Dolores!" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mientras Rosa y Tomás tejían su corona de flores de primavera, había llegado la época en la que en el año cincuenta se licenció temporalmente parte del ejército, y los dos hermanos López recibieron permiso para venir a su pueblo. No quisieron avisárselo a su familia para sorprenderla. En Lorenzo entraba la sorpresa, no sólo como medio de avivar el gozo por lo inesperado, sino la intención de no dar tiempo a que nada de cuanto en su ausencia hubiese podido surgir se le pudiese ocultar.
Era un domingo. La tarde declinaba, dejando paso a la noche; inclinábase el sol hacia su descanso, cual si le pesara su corona de dorados rayos. El viento había refrescado, impregnado del frío hálito de la noche. Los aviones habían tocado ya estrepitosamente a silencio a la grey aérea, y sólo el mochuelo tímido y acosado de día se quejaba en su soledad, como el paria, de la segregación de su casta. Las olas se extendían indolentes sobre la playa, bajando el tono de su atronadora voz, al de una queda y monótona cantinela; una a una, como las quedas palabras del tímido, salían las estrellas para estampar en el cielo la de: descanso.