Explore "¡Pobre Dolores!" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Seis días habían pasado en esta agonía. La pobre madre estaba en una convulsión casi continua; el padre había envejecido de golpe, y su cuerpo, hasta entonces robusto y derecho, se había doblado cual el árbol que venció un huracán. Dolores daba pocas esperanzas de vida. Catalina hallaba fuerzas en su amor a sus padres para no dejarse postrar por su dolor, y Esteban, anonadado, sofocaba su desesperación por no aumentar la de sus padres. Sólo el Padre Nolasco estaba sereno, y era a su vez la Providencia de esa familia, como ella había sido la suya. Cuidaba a todos, y a todos exhortaba con fuertes argumentos a la conformidad en las penas, aún las más acerbas, puesto que para ellas la prescribe Dios, y de lo que tan admirable ejemplo nos dio su SANTA MADRE. A intervalos levantaba su voz en las oraciones, cuyo sonido conocido y amado llega al oído con toda la magia de un consuelo, de un recuerdo, de una esperanza; como el lazo que une a vivos y muertos, y esta vida a la otra vida.
Una mañana, algunas vecinas que venían caritativamente a asistir a esta infeliz familia, decían al médico al salir: