Las dos Gracias by Fernán Caballero — Read

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Cosas muy comunes son en la vida los amores, a los que hace la sabia providencia que creó el universo tanto más poderosos y atractivos, cuanto que no los pone al nacer en los corazones, pero los inspira distantes del círculo de los propios para unir así a las familias y hombres entre sí. Porque son los amores y sus peripecias cosas tan repetidas en las novelas que cuentan la vida del hombre, omitiremos los pormenores de los de Gracia y Alfonso. También quedan muy analizados y repetidos los sentimientos que inspiran y los efectos que causan, ya la envidía, ya los celos; y si ambas cosas se unen, envidia y celos, en una naturaleza como la de Gracia López, se podrá conjeturar el estado de exasperación y despecho a que por grados la conduciría el amor respetuoso, pero franco y abierto que el marqués desde luego empezó a demostrar a Gracia, y el ver que este amor, dulce y exclusivamente admitido y correspondido por su cuñada, no solo la iba a encumbrar a una grande altura, sino que la hacía tan dichosa, que la iba hermoseando como el sol a un día en tempranas horas empañado y oscurecido por neblinas. Gracia, que después de errar tanto tiempo por áridos desiertos de arena, hallaba un oasis en el carino que inspiraba y sentía, en el dulce amparo que hallaba su vida, había perdido el aire abatido, triste y temeroso que le hacía ensimismarse y bajar su pálida frente; había embarnecido, sus mejillas se habían cubierto del suave sonrosado de la juventud; su boca sonreía, como sonríe la inocencia a la felicidad, y sus ojos, que no habían olvidado la sentida costumbre de alzarse al cielo, la conservaban; pero ahora era dándole acciones de gracias y confiando a su madre su felicidad.

A Ramón llenaba de contento la buena suerte de su hermana (buena suerte que por lo regular no logran aquellas que la merecen), y siempre calculador, consideraba con alegría y afán todas las ventajas que le proporcionaría a él su cercano parentesco con un hombre como el marqués; así fue que el día en que su hermana le comunicó que Benalí le había elegido por compañera, necesitó su talento poner un freno a su excesiva alegría para que no apareciese ridícula, y se deshizo en demostraciones de cariño con ella, parte por amor a ella misma, parte por amor a sí propio.

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