Explore "Las dos Gracias" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al día siguiente, después de comer, se hallaban reunidos delante de la chimenea, Ramón, que ocupaba una butaca, su mujer, que ocupaba la del lado opuesto, Gracia Vargas, que no lejos de su cuñada bordaba a la mano a la espléndida luz de un reverbero colocado sobre un velador, y junto a éste un convidado a quien Ramón trataba con una franqueza exagerada, que sabía refrenar cuando el amigo con quien la gastaba era persona de buen tono. El caballero que ocupaba este puesto, era rico.
Estamos en la era de la publicidad, parte por el métome en todo del periodismo; parte por el cinismo que la falta de dignidad de nuestra época tolera; parte por la malevolencia de los que descubren y publican y ponderándolas, las maldades ajenas, creyendo sin duda que por vituperarlas en otros se les tendrá por completamente exentos de ellas. No obstante, hay arcanos que no es dado descubrir del todo, y que el mismo cinismo, si bien no por vergüenza, oculta por temor. Tales son muchas fortunas salidas de repente como del fondo del mar que con su pródiga y rica vegetación se ostentan sobre su superficie como islas flotantes. A estas pertenecía la de D. Arturo Rico, hijo de un sacasillas y metemuertos de un teatrillo, cuyos antecedentes formaban un quot libet de naipes, de agencias secretas, de desfalcos, jugadas de bolsa y falsificaciones, harto extraño y repugnante. Ramón le había defendido hábilmente en alguno de sus lances elevado a los tribunales. D. Arturo le había pagado espléndidamente su trabajo, y de ahí nacía la intimidad que entre ellos reinaba, y que D. Arturo quería asentar sobre más sólidos cimientos, casándose con Gracia Vargas. Para alcanzar su propósito contaba con un celoso auxiliar, y este era Gracia López, que escudaba la dañina intención de casar a su pobre cuñada con un hombre desacreditado, despreciable y antipático además a su noble y delicado ser, con la frase vulgar y moderna es un buen partido.