Vulgaridad y nobleza by Fernán Caballero — Read

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Delante de la puerta de la cocina, que era la que daba al descrito corral, hallábase una mañana sentada al sol Cipriana, la mujer del casero. Tenía colocado sobre su cabeza, para preservarla del contacto inmediato de los rayos del sol, un pañuelo doblado en cuatro dobleces cuadrados, de manera que caía uno de sus picos hacia adelante como una visera. Estaba ocupada en remendar una camisa de mujer que había lavado, y que era un conjunto de remiendos de telas blancas de varios gruesos y géneros

Desde el moral a una de las rejas de la casa se extendía un tendedero, del cual colgaban pañales, fajas y camisitas, a quienes el sol acababa de dar un blanco esplendente. Una gallina cacareaba dando parte que había dado a luz con toda felicidad un robusto huevo, mientras las demás se solazaban al sol. Las abejas y su parodia las avispas zumbaban por el aire como diminutas zambombas. Un suave viento poniente vivificaba aquella tranquila naturaleza, ya meciendo suavemente los pañales y camisitas, como en su cuna mecía su madre al pequeño dueño de estas prendas; ya introduciéndose en la copa del moral y despertando a las dormidas hojas que de esta libertad murmuraban entre sí; ya entrándose a aullar por una encrucijada para asustar a los niños; ya obligando a las erguidas adelfas a bajarle sus bellas cabezas en un cortés saludo; ya subiendo quedito a la torre del lagar para coger descuidado y por detrás al gallo puesto allí de veleta, lo que nunca había podido conseguir, y después, como veleidoso, queriendo ausentarse, ir para despedida a besar la frente de los niños, arrebatar su fragancia a una mata de reseda nacida en la vieja y recta pared, como una sonrisa en el rostro de un austero anacoreta, trayéndosela para su solaz a Cipriana, y murmurando suave y sonsoladoramente al oído de una pobre anciana que a la sazón entraba agobiada: La vida y las penas son un soplo como yo, y acabar por remontarse a altas regiones a buscar celajes diáfanos y nubecillas transparentes para trastornarlos a su fantasía

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