Explore "Vulgaridad y nobleza" by Fernán Caballero on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pasadas unas semanas que tuvo precisión de permanecer en Sevilla, regresó don Anacleto a su hacienda
-Señor -le dijo el capataz el primer día de su llegada-, sepa su merced que no he encontrado quien me haga los mandados de balde o por un pedazo de pan, como los hacía la pobre tía Ana; todos quieren que se les pague su trabajo con dinero