Explore "Arráncame la vida" by Ángeles Mastretta on Textopian. Read with annotations and highlights.
Siempre creí que lo único necesario para vivir tranquila era tener a Andrés todos los días conmigo. Pero cuando la mañana siguiente en lugar de salir corriendo me anunció que pensaba quedarse y que iba a cambiar su oficina a nuestra biblioteca yo hubiera querido desaparecerlo. Era como tener un ropero antiguo a media casa, para donde uno volteara aparecía. No quedó lugar libre de su ruido. Para colmo, dio en estar cariñoso. Quería coger todas las mañanas y no ir a ninguna parte sin llevarme con él. Inventó nombrarme su secretaria privada y me hizo acudir a todas las juntas que organizó para planear cómo quitarle a Cordera la CTM, a todas las reuniones con políticos, y hasta cuando hacía pipí quería tenerme junto.
Dos días antes me hubiera hecho feliz. No sólo tener de nuevo su explosiva presencia, sino estar invitada a todo lo que tuve prohibido: a las reuniones y los acuerdos que siempre rehice tras la puerta, abrumando a Andrés con interrogatorios exhaustivos para medio saber lo que pasaba. Entonces pude presenciarlos todos, si se me hubiera ocurrido opinar me habrían dejado, sólo que yo acababa de subir los escalones de Bellas Artes y me había enamorado de otro.